MI HIJO ADOLESCENTE NO ME RESPETA, ¿TIENE UN TRASTORNO DE CONDUCTA?

Os ayudamos a diferenciar la rebeldía normal de la adolescencia de un problema más grave como un trastorno de la conducta.

«Mi hijo no me respeta»

La frase que da título a esta entrada es uno de los inicios de sesión comunes en la consulta de los psicólogos/as que atendemos a familias y adolescentes. Los padres acuden delante de la impotencia que sienten al ver que sus hijos no les hacen caso y sentir que han perdido la autoridad delante de ellos.

Las dificultades que relatan varían en función de la gravedad. Van  desde saltarse las normas que los padres ponen hasta la oposición de forma violenta hacia ellos (violencia filio-parental), pasando por escapadas sin avisar, absentismo, consumo de porros, etc. A este conjunto de manifestaciones se les ha denominado en los últimos años trastornos de la conducta. Pero, ¿qué son realmente los trastornos de la conducta?problemas-limites-respeto-adolescencia

¿Qué significa realmente el trastorno de la conducta?

Hasta hace poco esta denominación no era un diagnóstico clínico que se pudiera encontrar en un manual de psicopatología, pero la última versión de uno de los manuales más utilizados en psiquiatría y psicología (DSM-V) lo ha incluido como tal, después de años de su utilización sin que se pudiera diagnosticar. Pero más allá del aspecto del diagnóstico clínico, lo que nos interesa explicar es qué queremos decir cuando hablamos de trastornos de la conducta.

Cuando se dice que existe un trastorno de la conducta se está hablando de personas (en su mayoría de casos chicos/as adolescentes) que de forma repetida tienen comportamientos que suponen una ruptura con las normas sociales establecidas. Por lo tanto, una de las características principales es que el chico/a realiza actos observables donde rompe con lo que se supone que debería hacer. Existe un componente de oposición a aquello que se esperaría de ellos desde el entorno familiar o escolar. Por ejemplo, dejar de lado los estudios, no presentarse en casa a la hora pactada, tomar drogas, robar, etc.

Los trastornos de la conducta son claramente visibles, no quedan escondidos como otros síntomas más difíciles de detectar como la ansiedad o depresión infantil. Desde ese punto de vista, los padres a partir de observar a sus hijos pueden detectar que algo está pasando. La cuestión sería, ¿cómo saber que estos comportamientos son de gravedad y necesitan atención especializada y no los típicos de la edad?

Mi hijo es rebelde, ¿tiene un trastorno de la conducta?problemas-limites-respeto-adolescencia

  • En primer lugar, hay que diferenciar el trastorno de la conducta de la rebeldía. La rebeldía puede ser normal como proceso para diferenciarse de los padres y descubrir la propia identidad, pero no implica un abandono de otros campos, como los estudios o el consumo de drogas.
  • En segundo lugar, no se trata de un comportamiento aislado, sino repetitivo y constante en el tiempo. Por ejemplo, faltar a clase e irse con los amigos al parque de forma puntual, no supondría pensar que un chaval/a tiene un trastorno de conducta, pero si esto sucede de forma repetitiva y junto a otros comportamientos relacionados con saltarse las normas, los padres pueden comenzar a sospechar.
  • En tercer lugar, existe un factor común en casi todos los casos: que el incremento de la agresividad verbal y/o física, la cual se puede manifestar dentro y fuera de la familia. Esta agresividad puede ser hacia objetos o hacia las personas, lo cual puede desembocar en casos de violencia física de hijos a padres (violencia filio-parental) en los casos más extremos.

¿Qué hay detrás de un trastorno de la conducta?

​Es decir, lo importante para identificar que algo está pasando es que el adolescente manifiesta cambios en diferentes terrenos y esto sucede de forma continua en el tiempo: falta a clase, se muestra más agresivo, se fuga de casa, hay indicios de que consume drogas, etc.

Después de estas aclaraciones muchos padres/madres os preguntaréis: ¿Qué hay detrás de estas dificultades? ¿Cómo se originan? ¿Se pueden resolver? ¿Qué tipo de tratamiento sería el más adecuado? Resolveremos estas dudas en un próximo artículo donde profundizaremos sobre qué hay detrás y cómo resolverlo.

María Martín Santacreu. Col. 15745

Psicóloga/Psicoterapeuta familiar y de pareja

 

Amalia Gordóvil Merino. Col. 20177

Psicóloga Infanto-Juvenil/Psicoterapeuta familiar

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